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una obra hermosa:

Regalese un buen momento
para mí, la verdadera intimidad se da cuando uno puede compartir cómodo en silencio con el otro 
No sabemos nada de ese ir, que No comparte con nosotros. No tenemos ninguna razón Para mostrar admiración y amor u odio A la muerte, maravillosamente deformada. Por una boca de máscara trágica. Aún está lleno el mundo de papeles que en escena ponemos Mientras nos preocupe, si agradamos, Actúa también la muerte, aunque no agrade. Pero cuando partías, irrumpió en este escenario un haz de verdad a través de aquella grieta, Por la que te ibas; verde de verdadero verde Verdadera luz solar, bosque de verdad. Nosotros seguimos actuando. Lo aprendido con sangre y sudor declamando y gestos, de vez en cuando suprimiendo; pero tu ser, alejado de nosotros, apartado de nuestra obra, puede a veces sobrevenirnos, como la conciencia Desprendiéndose de aquella realidad. De modo que por un rato somos arrojados A actuar la vida, no buscando aprobación Experiencia de la muerte Rainer Maria Rilke

Carta II

Estás lejos y al sur allí no son las cuatro. Recostado en tu silla apoyado en la mesa del café de tu cuarto tirado en una cama la tuya o la de alguien que quisiera borrar -estoy pensando en ti no en quienes buscan a tu lado lo mismo que yo quiero-. Estoy pensando en ti ya hace una hora tal vez media no sé. Cuando la luz se acabe sabré que son las nueve estiraré la colcha me pondré el traje negro y me pasaré el peine. Iré a cenar es claro. Pero en algún momento me volveré a este cuarto me tiraré en la cama y entonces tu recuerdo qué digo mi deseo de verte que me mires tu presencia de hombre que me falta en la vida se pondrán como ahora te pones en la tarde que ya es la noche a ser la sola única cosa que me importa en el mundo. I.V.

buenas noches

"El discurso amoroso asfixia al otro, que no encuentra ningún lugar para su propia palabra bajo ese decir masivo. No es que yo le impida hablar; pero sé insinuar los pronombres: "Yo hablo y tú entiendes, luego existimos" (Ponge). A veces, con terror, tomo conciencia de ese vuelco: yo, que me creía puro sujeto (sujeto sujetado: frágil, delicado, lastimero), me veo conver tido en una cosa obtusa, que anda a ciegas, que aplasta a todo bajo su discurso; yo, que amo, soy indeseable, alienado hasta las filas de los fastidiosos: los que son pesados, molestan, se inmiscuyen, complican, reclaman, intimidan (o más simplemente: los que hablan). Me he equivocado monumentalmente". Barthes  

esta manía mía de repetir