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El pino

Apagué los motores y anduve a la deriva ¿cuántos años anduve a la deriva, el motor apagado, ni impulso ni gobierno, sin dirección? Me recuerdo leyendo neones a la vera de avenidas desiertas. ¿Cómo pudo nevarme encima todo este cansancio? ¿Cómo pudo acumularse, quedar ahí toda la vida? Sacudo la cabeza como un pino. La nieve no se va. Beatriz Vignoli Viernes (2001)

Un balcón es una viñeta

La apertura del invierno inaugura la temporada de los abandonos. Como si algún organismo interno, se rehusara a recurrir a los recursos gratuitos de la supervivencia humana. Todas las luces de los edificios se terminan junto con tu cigarrillo. Apago el televisor, me pregunto cómo se habrán escuchado las cosas que te dije desde donde te encontrabas. Prendo uno para que algo, en el espacio de la ciudad que crece entre nosotros, permanezca encendido. Daiana Henderson 

INESTABLE

Andrés Caminos y Gadiel Sztrik Recomendadísima obra de los Sutottos en el Beckett Teatro. Sábados a las 21. ID.

Encargo

Vayan, canciones mías, al insatisfecho y al solitario, vayan también al neurótico, vayan al esclavo de toda convención, llévenles mi desprecio por sus opresores. Vayan como una gran ola de agua fresca, lleven mi desprecio por los opresores. Hablen contra la opresión inconsciente, hablen contra la tiranía de los que no tienen imaginación, hablen contra las ataduras, vayan a la burguesa que está muriendo de hastío, vayan a las mujeres de los barrios residenciales, vayan a las horrorosamente casadas, vayan a aquellas que disimulan su fracaso, vayan a las desafortunadamente emparejadas, vayan a la esposa comprada, vayan a la mujer comprometida. Vayan a aquellos que tienen una delicada lujuria, vayan a aquellos cuyos delicados deseos se frustraron, vayan como una plaga sobre lo que es insulso en todo el mundo; vayan con su filo contra esto, refuercen las sutiles cuerdas, traigan confianza a las algas y tentáculos del alma. Vayan de manera amistosa, vayan con un disc...
I señor, vos le diste a mi hermano un ford falcon rojo para llegar a la casa de la niebla y después qué le dijiste? le explicaste que el camino estaba cortado? ¿que el motor estaba roto? ¿que todo estaba roto? ¿que no había vuelta? ¿qué hiciste, cómo para convencerlo? para que te diera la mano se sentara en la sillita de mentira dejara que la oscura hostia de tu nombre le llegara a la boca ¿o le metiste una piedra? o una moneda, un gancho, un papelito de dónde lo enmudeciste, lo hiciste olvidar olvidarnos qué señas le habrás hecho para que en vez de volver a casa apagara el motor del falcon se escurriera de la sedosa perfección del cuero de la música en la radio del ronroneo cachondo del auto y se bajara con vos para ir adónde ¿a cazar pajaritos? ¿a ver el dorado pasto extinguirse tras el fuego del invierno? ¿a romper el cristal del agua para que beban las crías? o era verano, quizá por entonces y le diste el agua peligrosa de tu cielo entra...
Hace algún tiempo fuimos todas las películas de amor mundiales todos los árboles del infierno. Viajábamos en trenes que unían nuestros cuerpos a la velocidad del deseo. Como siempre, la lluvia caía en todas partes. Hoy nos encontramos en la calle. Ella estaba con su marido y su hijo; éramos el gran anacronismo del amor, la parte pendiente de un montaje absurdo. Parece una ley: todo lo que se pudre forma una familia. Fabián Casas

para decir adiós

Amado y más Me resulta tremenda, dolorosamente difícil, después de todo lo que tú bien sabes, de tantos años y recuerdos y rincones, decirte algo que, en fin, apenas logro a veces balbucear a solas, cuando la noche se hace confidente, pero de golpe la luz me ciega, amor, y regreso al silencio, que es mi mejor compañero de baile, por eso se me hace tan, cómo explicarte, los labios se me llenan de ceniza, como cuando has fumado demasiado y la garganta se te encoge, sé que tú me abrazarías, que me convencerías nuevamente de que todo es posible, hasta nosotros, ¿por dónde comenzar, entonces, esta carta que dicta mi temblor? Largo de aquí. No tuya, Ana por Andrés Neuman