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Los ángeles bajan en el anochecer

Los ángeles bajan en el anochecer y se extienden por las fachadas que al poniente dan, tan tal duzura flotante, musical, que da miedo, miedo por ellos, a pesar de sus alas y de la indiferencia inclinada del pueblo. En el campo se está tranquilo. Se confunden, juegan acaso, conversan con los pájaros que vuelven, circular entre los sonidos de las esquilas, y sonríen a los silbidos lejanos. Se posan como pájaros espectrales sobre un caballo blanco o una vaca blanca, puros de la penumbra baja, y, casi fluida. Y se fijan al fin, se adhieren, ¿hasta cuándo? a la pared encalada de un rancho posado sobre la loma. ¡Oh, el rancho celeste sobre la loma, flotando hacia el azul triste, anochecido, del oriente! Juan L. Ortiz

Tal vez no importe tanto

Tal vez no importe tanto, tu cara se borra sola. Hay muchas caras en mi vida que viven borradas quién sabe hasta cuándo. Se han borrado poco a poco, pero en el momento menos esperado, y a veces en el menos indicado, vuelven a aparecer por un brevísimo instante para sumergirse enseguida en el “¿dónde estarás ahora?” con un intenso sobresalto de mi parte… Hay días mucho más chicos que otros. Y hay días muertos, descolgados, inútiles, días que crecen y mueren sin esperanza. El rostro borrado aparece de pronto y es, al mismo tiempo, el mismo y otro, siempre dispuesto a borrarse para aparecer otra vez pero, ¿cuándo? La música corre como el agua pero se borra en el aire. Es difícil acordarse del invierno en verano y del verano en invierno, evocar una melodía remota a la deriva en el tiempo pasado. Es difícil salvar del olvido un rostro, una cara que se ha borrado y que aparece el día y el momento menos pensado. Si uno pudiera manejar la cosa, es decir ma...
III nunca llegamos a tiempo nunca entendemos la precisión de aquello que nos lleva la velocidad del polvo que nos trajo el agua que se pierde en otro fuego no podemos nivelar el pensamiento con la acera que todos caminamos vemos el reflejo apenas que nos roza con alguna duda con algún espanto hebra sutil que nos completa en ese rincón donde vivimos escondidos V no sueño escribo sobre velos tartamudeo con los amigos cruzo lluvias y plagas reconstruyo asperezas puedo decir que no y morder lo que resta de luz necesito otra puerta para escapar para volver la duda queda un paso atrás y algunos hacen silencio pero no puedo preguntar pierdo mi turno y ahogo ruido en una prosa ajena hay que salir digo hay que salir para no esperar XIII atrapado en este incidente espacial miro al cielo con desconfianza no sé si las cosas van hacia adelante o hacia atrás no sé si todo se repite si el asombro es un pequeño horizonte de suceso si hay que darle sentido a esta vaguedad ...

for all the love you've left behind

TACTO

Tenés que mandarme libros te digo libros pequeños que puedan llegar por correo y no te cuesten mucho dinero libros en los que se escriban dedicatorias tan tristes como sus autores libros en los que escondás a veces la foto que te hiciste con tu nueva pareja frente algún monumento sin nombre pero no te olvidés de mí ni de mandar libros llenos de palabras ya me dirás que te gustaría que yo conociera a tus hijos tu calle el atardecer porteño yo solo quiero libros que lo digan todo tal vez en algún momento te pregunte sin mucha convicción qué hubiera pasado si y no reciba cartas tuyas por un buen tiempo ya sea porque la encontró tu marido o trataste de esconder las cosas que nunca funcionaron pero por favor mandame libros escribí tu nombre en ellos dejame saber que has tocado algo que ahora me pertenece  William Eduarte Briceño
Conté con los dedos de mi mano las veces que tuve, no las que amé. Las yemas de los dedos se quedaron mirándome, las líneas de la mano rieron (¿amé lo que tuve? ¿Quise decir quiero un poco de esto o de aquello, gané, perdí semejante generosidad?). Ahora que me aferro a lo que tengo _como a un poco de nada_, veo líneas que una burla desecha, y lenta, tiernamente abro el puño, dejo caer la arena, vuelvo a tomarla. Irene Gruss

Pasa un avión

Justo arriba mío cuando levanto la vista pasa un avión. Lo veo volar lento cruza por el cielo la entrada del patio y sé que allá mantiene la potencia de su velocidad. Veo la línea fina como de hielo que deja en el celeste del mediodía. Desde acá abajo percibo tan distinta la distancia. Es como contarte esto mientras no estás o no poder decirte nada como ahora, que el sol da de lleno sobre las plantas y te digo mirá qué lindas las hojas y no digo nada más y el agua que cae sobre las macetas dibuja la misma línea que en el cielo dejó el avión. Natalia Romero de "Nací en Verano", 2014