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La buena vida

Estás parado junto a la ventana. Afuera hay una nube de vidrio que parece un corazón. Los suspiros del viento son como cuevas entre tus palabras. Sos el fantasma en ese árbol de afuera. La calle está en silencio. El tiempo, de la misma manera en que el mañana y que tu vida, parcialmente está acá, parcialmente en el aire. No podés hacer nada. La buena vida llega sin aviso: erosiona los climas de la desesperación y se presenta, a pie, de incógnito, sin ofrecerte nada, y vos estás ahí.  Mark Strand

De las flores

De las flores viene esta bolsa de papel madera con los duraznos que le compramos al chico al borde de la ruta donde llegamos siguiendo los carteles que decían Duraznos. De las ramas cargadas, de las manos, de la dulce camaradería de los cestos viene el néctar hasta el costado de la ruta, los suculentos duraznos que devoramos, con piel, polvo y todo, viene el familiar polvo del verano, el polvo que comemos. Oh, llevar lo que amamos hacia adentro, llevar dentro nuestro un huerto, comer no sólo la piel, sino también la sombra, no sólo el azúcar sino los días, tomar la fruta con las manos, adorarla y luego morder dentro del redondo júbilo del durazno. Hay días que los vivimos como si la muerte no estuviera en el patio de atrás; de alegría en alegría en alegría, de un ala a otra, de una flor a otra flor a una flor imposible, a una dulce flor imposible. Li-Young Lee

Gansos Salvajes

No hay por qué ser buenos. No hay por qué caminar por el desierto de rodillas incontables kilómetros, por arrepentimiento. Sólo hay que dejar que el animal suave del cuerpo ame aquello que ama. Hablame de tus penas, yo te cuento las mías. Sigue su marcha el mundo mientras tanto. Por el paisaje, mientras tanto, el sol y los claros guijarros de la lluvia, se mueven, por los prados y los frondosos árboles las montañas y ríos. Y los gansos salvajes, mientras tanto, por el limpio aire azul volando alto emprenden el regreso. Y vos, seas quien seas, sin importar cuán solo te sentís, el mundo se le ofrece a tu imaginación, te llama como llaman esos gansos salvajes, enérgicos y ásperos, anunciándote una y otra vez el lugar que ocupás en la familia de las cosas. Mary Oliver
El conocer Después, cuando ya dormimos el coma del paraíso y nos despertamos, nos quedamos un rato largo mirándonos. No sé qué verá él, pero yo veo unos ojos de ternura insuperable y calma, una calma como la dignidad de la materia. Amo el mar abierto azul-verde-gris de su iris, amo su curva contra lo blanco, la curva que al mirarla me hace acabar, cuando está casi quieto, muy hondo dentro de mí. Nunca vi una curva como esa, salvo la de la tierra desde el espacio exterior. Yo no sé de dónde sacó  esa amabilidad sin soberbia, casi sin ego, y  a pesar de eso  eligió  a una mujer entre todas. Conociéndolo, conozco la pureza del animal que  se aparea de por vida. A veces sonríe apenas, pero más que nada me mira mirarlo, con el rostro entero iluminado. Amo  ver   cómo cambia cuando lloro – no hay inquietud, ni pena, ni reflejo más serio. Si estamos boca arriba, acostados uno al lado del otro, c...

Curitas

Le pusiste una curita a la ventana para tapar el sol. La curita se despegó y ahora podés ver con claridad cuál es la curita cuál el sol cuál la herida. Belén Inanuzzi

no hay tiempo no hay hora no hay reloj

20

A veces comprendemos algo entre la noche y la noche. Nos vemos de pronto parados debajo de una torre tan fina como el signo del adiós y nos pesa sobre todo desconocer si lo que no sabemos es adónde ir o adónde regresar. Nos duele la forma más íntima del tiempo: el secreto de no amar lo que amamos. Una oscura prisa, un contagio de ala nos alumbra una ausencia desmedidamente nuestra. Comprendemos entonces que hay sitios sin luz, ni oscuridad, ni meditaciones, espacios libres donde podríamos no estar ausentes. Poesía Vertical III R. Juarroz