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Pirata

Soy el único hombre a bordo de mi barco. Los otros son monstruos que no hablan, tigres y osos que amarré a los remos, y mi desprecio reina sobre el mar. Prefiero aullar en el viento con los mástiles y abrirme a la brisa con las velas, y hay momentos en que soy casi un olvido en la dulzura inmensa del regreso. Mi patria está donde el viento pasa, mi amada está donde los rosales dan flor, mi deseo es el rastro que dejaron las aves, y nunca despierto de este sueño, y nunca duermo.   Sophia de Mello Breyner  
el amor es una lluvia de diamantes en la mente la fruta del alma partida en dos una primavera oscura abriéndose en los labios de la luz aguas subterráneas libradas de su guarida para brillar a través de una grieta hecha por el sol un templo no de piedra sino de nube más allá del ruido del corazón y de toda violencia lejos del aplastante dominio de la velocidad entre la arena del tiempo permanencia azul un pequeño paso a la buena vida el pan en la boca otra vez. May Swenson
A veces quizás cuando no encuentro palabras para decidir mi sombra o cuando la ausencia es más dulce que mis propios recuerdos, a veces te imagino de silencio, como aquella lejana amistad entre los viejos y los pájaros. A lo mejor porque una vez te llevaste un poema con tu nombre, o porque tu cuerpo le puso límites al día; o porque la lluvia te heredaba la sonrisa. O tal vez porque el tiempo es más evidente que el regreso. Por eso vos sabés cuando viene la soledad tirando a muerte la mañana, como termina un sueño enamorado, donde el olvido es más difícil que el poeta. Porque vos sabés que la soledad aparece así de golpe, que en un momento te borra del espejo y te amontona en los rincones del fracaso. Porque vos tenés memoria y la entendés. Julio Cesar Campopiano
Fuiste una selva de amor un tiempo, lanzada al amor. Con tus manos habría construido tantas piedras, para habitarlas con mi silencio. ¿Por qué corrías tan alto? ¿Por qué huías? Habría mendigado tu amor, me habría aferrado a tus manos. Habrías podido matarme, habrías podido herirme, habrías podido dejarme en el suelo, así como la Magdalena que pide perdón porque su amor la devasta. Alda Merini

La buena vida

Estás parado junto a la ventana. Afuera hay una nube de vidrio que parece un corazón. Los suspiros del viento son como cuevas entre tus palabras. Sos el fantasma en ese árbol de afuera. La calle está en silencio. El tiempo, de la misma manera en que el mañana y que tu vida, parcialmente está acá, parcialmente en el aire. No podés hacer nada. La buena vida llega sin aviso: erosiona los climas de la desesperación y se presenta, a pie, de incógnito, sin ofrecerte nada, y vos estás ahí.  Mark Strand

De las flores

De las flores viene esta bolsa de papel madera con los duraznos que le compramos al chico al borde de la ruta donde llegamos siguiendo los carteles que decían Duraznos. De las ramas cargadas, de las manos, de la dulce camaradería de los cestos viene el néctar hasta el costado de la ruta, los suculentos duraznos que devoramos, con piel, polvo y todo, viene el familiar polvo del verano, el polvo que comemos. Oh, llevar lo que amamos hacia adentro, llevar dentro nuestro un huerto, comer no sólo la piel, sino también la sombra, no sólo el azúcar sino los días, tomar la fruta con las manos, adorarla y luego morder dentro del redondo júbilo del durazno. Hay días que los vivimos como si la muerte no estuviera en el patio de atrás; de alegría en alegría en alegría, de un ala a otra, de una flor a otra flor a una flor imposible, a una dulce flor imposible. Li-Young Lee

Gansos Salvajes

No hay por qué ser buenos. No hay por qué caminar por el desierto de rodillas incontables kilómetros, por arrepentimiento. Sólo hay que dejar que el animal suave del cuerpo ame aquello que ama. Hablame de tus penas, yo te cuento las mías. Sigue su marcha el mundo mientras tanto. Por el paisaje, mientras tanto, el sol y los claros guijarros de la lluvia, se mueven, por los prados y los frondosos árboles las montañas y ríos. Y los gansos salvajes, mientras tanto, por el limpio aire azul volando alto emprenden el regreso. Y vos, seas quien seas, sin importar cuán solo te sentís, el mundo se le ofrece a tu imaginación, te llama como llaman esos gansos salvajes, enérgicos y ásperos, anunciándote una y otra vez el lugar que ocupás en la familia de las cosas. Mary Oliver