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La Noche y el Río

He visto las patas enormes saltando al río y he visto la luz de la luna láctea a lo largo del largo hocico y he visto el cuerpo de algo fascinante y con escamas hundido en el repentino fuego de su boca, y no pude decidir cuál me quedaba más cómodamente, el poder, o la impotencia; ninguno me convencía plenamente; estaba dividida, consumida, por la empatía, la pena, la admiración. Después de un rato todo estaba resuelto, el pez se había desvanecido, el oso había desaparecido en la orilla verde entre los árboles. Y después sólo quedó esta historia. Me siguió hasta mi hogar y entró a mi casa— un huésped difícil con una melodía única que resuena todo el día, toda la noche— lenta o brutalmente, no importa, suena como un río saltando y cayendo; suena como un cuerpo que se desarma. Mary Oliver
Amanece e imaginas el mar, el azul cobalto del mar abriéndose como una vieja mirada recordándote algo lejano, la imagen de un sueño donde huyes o de una playa tendida no para ti sino para el amor. Amanece e imaginas entonces el mar y es el último día y el primer día el que imaginas, el mismo rumor insomne de un sueño que ya conoces pero que no entiendes, el mismo dolor, el final cercándote como un llanto remoto y extranjero. R.Zurita

Yo, la incesante nieve

La hamaca te llevaba y te traía en la tarde. Lo recuerdo como si no te estuvieras por ir a Alemania para hacer algo con tu vida, como decías vos. Yo te veía ir y venir, y tenía la impresión de que le robabas algo al tiempo, buscando las pruebas de su existencia porque ¿quién entiende bien cómo pasa tan rápido una tarde o un año? De vuelta en casa, preparaste un submarino, tus ojos parecían los de una fiera dando vueltas alrededor del fuego. En ese momento sentí oscuramente que aquello que podríamos llamar “aprovechar el tiempo”, para vos era una abstracción, un vaivén que no nos toca, y entonces pensé: ¿Por qué no ver al tiempo como otra barra de chocolate disolviéndose en tu taza, como algo que una cucharita podría atravesar una y otra vez dejándonos un resto dulce en las tazas aún tibias? Tomás Maver

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Una hebra más delgada que el pensamiento, un hilo con calibre de nada, une nuestros ojos cuando no nos miramos. Cuando nos miramos nos unen todos los hilos del mundo, pero falta éste, que sólo da sombra a la luz más secreta del amor. Después que nos vayamos, quizás quede este hilo uniendo nuestros sitios vacíos. Poesía Vertical II R. Juarroz

Destino

Hay cuatro cuadras de distancia hasta vos y yo voy trazándolas con mis pies en la vereda dibujando pseudo caminos por donde llegar de forma más rápida en caso de que me arrepienta una lumbre milimétrica se clavará en mi descuido como un desierto de agua, gigante y violeta para sanar con su sal dicen, los dolores del cuerpo, los huesos el incierto arduo en la desolación de la tardecita al menos hay diez formas distintas de volver desde ahí la decisión es espontánea siempre cae sobre nuestros pasos apago los márgenes para no tener más límites rozo el rojo y roto, resquebrajante sonido de tu voz como si fuera un arpa dulce cada casa es como una almena cada prisma que corona nuestros muros para resguardar el camino los reyes hambrientos de nuestros yo buscan el escape en una alcantarilla chiquita, desapercibida el viento sacude los matorrales calmos de la ribera todas nuestras pieles aturdidas bruscas, sin entender. Ana Claudia Díaz de "Una cartografía...
cada tanto vuelvo a lo que fuimos y me da por desearte paz decirte que te recuerdo bien y que eso es lo mejor que te puede pasar con alguien que te recuerde bien como ahora que este brillo te reunió en mis ojos y que digo honestamente digo es lindo haber perdido amor con vos Franco Rivero

DE ATLAS DEL MUNDO DIFÍCIL

Yo sé que estás leyendo este poema tarde, antes de irte de la oficina con el manchón amarillo brillante de la lámpara y la ventana cada vez más oscura en la calma de un edificio en silencio largamente pasada la hora pico. Yo sé que estás leyendo este poema de pie en una librería lejos del mar un día gris de principios de primavera, leves copos transportados por la vasta extensión de la llanura que te rodea. Yo sé que estás leyendo este poema en una habitación donde tuviste que soportar demasiado, donde las sábanas se enrollan estancadas encima de la cama y la valija abierta habla de vuelos pero vos todavía no podés partir. Yo sé que estás leyendo este poema mientras el subte pierde impulso y antes de subir las escaleras para encontrarte con un nuevo amor que tu vida no había permitido. Yo sé que estás leyendo estos poemas a la luz de la pantalla del televisor, donde las imágenes sin sonido se sacuden y se deslizan mientras vos esperás el noticiero sobre la intifada. ...