Ir al contenido principal

Entradas

Un hombre a mi lado intenta dormir  Pero no duerme, me observa Mira lo que hago, lo que escribo En su mente estoy yo, lo sé, pero no sé cómo Hemos hecho el amor y leído mi libro Un libro negro y delgado con poemas de violencia y de viento Qué lejana la violencia del agua del viento del mar Qué olvidados los animales los ríos Hacia el pasado, la indiferencia Hacia el pasado, el hielo inmenso recogido en un tren Hoy mamá tiene cáncer Y tengo su cáncer en el alma Tengo la ausencia de sus senos en los míos No tengo sus senos Sus pezones No tengo su rostro Pero hay algo que he recordado en el amor con este hombre Mientras me tocaba y yo cerraba los ojos: Una verde lejanía donde algo puede perderse Mi madre que puede alejarse Algo que no puedo mirar En la belleza, mi madre se mueve Respira, camina, come una fruta Suave, mi madre se encamina hacia algún leve ...

bicho

estamos borrachos tus amigos juegan, dicen - hay que matar a todos los quintos beatles el mundo esta lleno de quintos beatles paul mcartney es el primero - una vaquita de san antonio camina por tu mano pedís tres deseos y vuela justo un segundo después de pasar a la mía - no te preocupes - decís - yo pedí por nosotros dos – Marina Alessio  

La Noche y el Río

He visto las patas enormes saltando al río y he visto la luz de la luna láctea a lo largo del largo hocico y he visto el cuerpo de algo fascinante y con escamas hundido en el repentino fuego de su boca, y no pude decidir cuál me quedaba más cómodamente, el poder, o la impotencia; ninguno me convencía plenamente; estaba dividida, consumida, por la empatía, la pena, la admiración. Después de un rato todo estaba resuelto, el pez se había desvanecido, el oso había desaparecido en la orilla verde entre los árboles. Y después sólo quedó esta historia. Me siguió hasta mi hogar y entró a mi casa— un huésped difícil con una melodía única que resuena todo el día, toda la noche— lenta o brutalmente, no importa, suena como un río saltando y cayendo; suena como un cuerpo que se desarma. Mary Oliver
Amanece e imaginas el mar, el azul cobalto del mar abriéndose como una vieja mirada recordándote algo lejano, la imagen de un sueño donde huyes o de una playa tendida no para ti sino para el amor. Amanece e imaginas entonces el mar y es el último día y el primer día el que imaginas, el mismo rumor insomne de un sueño que ya conoces pero que no entiendes, el mismo dolor, el final cercándote como un llanto remoto y extranjero. R.Zurita

Yo, la incesante nieve

La hamaca te llevaba y te traía en la tarde. Lo recuerdo como si no te estuvieras por ir a Alemania para hacer algo con tu vida, como decías vos. Yo te veía ir y venir, y tenía la impresión de que le robabas algo al tiempo, buscando las pruebas de su existencia porque ¿quién entiende bien cómo pasa tan rápido una tarde o un año? De vuelta en casa, preparaste un submarino, tus ojos parecían los de una fiera dando vueltas alrededor del fuego. En ese momento sentí oscuramente que aquello que podríamos llamar “aprovechar el tiempo”, para vos era una abstracción, un vaivén que no nos toca, y entonces pensé: ¿Por qué no ver al tiempo como otra barra de chocolate disolviéndose en tu taza, como algo que una cucharita podría atravesar una y otra vez dejándonos un resto dulce en las tazas aún tibias? Tomás Maver

67

Una hebra más delgada que el pensamiento, un hilo con calibre de nada, une nuestros ojos cuando no nos miramos. Cuando nos miramos nos unen todos los hilos del mundo, pero falta éste, que sólo da sombra a la luz más secreta del amor. Después que nos vayamos, quizás quede este hilo uniendo nuestros sitios vacíos. Poesía Vertical II R. Juarroz

Destino

Hay cuatro cuadras de distancia hasta vos y yo voy trazándolas con mis pies en la vereda dibujando pseudo caminos por donde llegar de forma más rápida en caso de que me arrepienta una lumbre milimétrica se clavará en mi descuido como un desierto de agua, gigante y violeta para sanar con su sal dicen, los dolores del cuerpo, los huesos el incierto arduo en la desolación de la tardecita al menos hay diez formas distintas de volver desde ahí la decisión es espontánea siempre cae sobre nuestros pasos apago los márgenes para no tener más límites rozo el rojo y roto, resquebrajante sonido de tu voz como si fuera un arpa dulce cada casa es como una almena cada prisma que corona nuestros muros para resguardar el camino los reyes hambrientos de nuestros yo buscan el escape en una alcantarilla chiquita, desapercibida el viento sacude los matorrales calmos de la ribera todas nuestras pieles aturdidas bruscas, sin entender. Ana Claudia Díaz de "Una cartografía...