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A finales de la primavera

Dejame imaginarme que vamos a volver cuando queramos y que va a ser de vuelta primavera no seremos más viejos de lo que nunca fuimos los gastados pesares van a haberse disipado como la nube tempranera que la mañana cruza al recobrar la conciencia lentamente y las viejas defensas contra los muertos van a retirarse y al fin van a quedar para los muertos la luz va a ser como es ahora en el jardín que plantamos acá estos años juntos de estas tardes holgadas, y el asombro W. S. MERWIN

Equilibrio

Papá aflojó los tornillos para que aprendiera a andar sin rueditas. Ella me llevó a la vereda de tierra que rodea al hipódromo, justo enfrente de casa. Y cuál es la necesidad de aprender a sostener mi cuerpo todo de nuevo. Le hice prometer que no me soltaría por nada del mundo, giraba apenas mi cuello para ver que ella siguiera ahí, corriendo justo detrás mío, agarrándome de la parte baja del asiento. "Yo no te suelto -me decía-, yo no te suelto", pero para ese entonces ya estaba pedaleando sola y no me daba cuenta de cómo ella se alejaba de mí, aun quedándose quieta entre los troncos viejos y gruesos. Me enojé tanto cuando me dí vuelta que rechacé ese objeto a un costado de la vereda y quise volver a casa. Ahora voy esquivando colectivos, haciendo finitos, calculo el tiempo exacto para pasar en rojo y no morir en el asfalto, pero así y todo no voy a reconocerlo. He decepcionado muchas veces a mi madre y sé que seguiré haciéndolo. No hay luga...
Tal vez en el principio el tiempo y lo visible, inseparables hacedores de la distancia, llegaron juntos borrachos golpeando la puerta justo antes de amanecer. Con las primeras luces pasó su embriaguez, y tras contemplar el día, hablaron de la lejanía, del pasado, de lo invisible. Hablaron de los horizontes que rodean todo lo que todavía no ha desaparecido. John Berger.

Dónde empieza el templo, dónde termina

Hay cosas que no podés alcanzar. Pero sí tender la mano hacia ellas, el día entero. El viento, el pájaro echando a volar. La idea de Dios. Y puede mantenerte tan ocupada como cualquier otra, y más contenta. La víbora se escabulle, el pez salta, como capullo de lirio, fuera del agua y vuelve a sumergirse; los jilgueros cantan en la cima inalcanzable del árbol. Miro; de la mañana a la noche nunca dejo de mirar. Mirar quiero decir, no solo estar ahí, sino estar ahí como de brazos abiertos. Pensando: quizás algo va a llegar, un luminoso remolino de viento, unas cuantas hojas de algún árbol: todos forman parte de esto. Y ahora voy a decirte la verdad. Todo en el mundo llega. Se acerca, al menos. Y con cordialidad. Como pica el pez de ojos de oropel, como la víbora se desenrosca, como los jilgueros, muñequitos revoloteando oro en los márgenes del cielo de Dios, el aire azul. Mary Oliver Trad. Mariángel Mauri 

Tarde de domingo

El domingo está desierto. La calle se alarga sin finalidad precisa. Detrás de las paredes la vida parece haber agotado su última oportunidad. Llamo al azar en algunas puertas y nadie acude. La población entera ha abandonado el planeta en automóvil. La historia ha concluído aquí. Las empresas humanas han hecho el ridículo. ¿A quién llamar por teléfono? ¿Por quién morir? ¿A quién apelar con esta mentira? Si este simulacro durara demasiado, recordaría que una vez tuve un destino y hasta un entusiasmo y que la razón de estar vivo estaba en los otros. Y no quiero imaginar mi pánico si buscando la prueba absoluta de este mundo vacío encendiera la radio portátil y me respondiera el silencio universal. Si la llegada del hombre había sido un producto casual su partida es una fuga que me excluye para que deambule como un muerto que sabe que está muerto en un domingo infinito. J. Giannuzzi

LXIII

Vemos las cosas que conocemos. Las cosas que no conocemos no las vemos. A las cosas que conocemos las llamamos por un nombre. Un nombre que sabemos pero no le dimos nosotros. Alguien, antes de que nosotros existamos fue capaz de verlas. Y después de verlas, nombrarlas, hacerlas cosas. Hay personas con este don. De ver y conocer. No somos de estas personas. Por eso todas las cosas que vemos ya las conocemos. El fin Giuliana Kiersz

no veré desolación donde solo hay soledad