Ir al contenido principal

Entradas

3

Celebrar lo que no existe. ¿Hay otro camino para celebrar lo que existe? Celebrar lo imposible. ¿Hay otro modo de celebrar lo posible? Celebrar el silencio. ¿Hay otra manera de celebrar la palabra? Celebrar la soledad. ¿Hay otra vía para celebrar el amor? Celebrar el revés. ¿Hay otra forma de celebrar el derecho? Celebrar lo que muere. ¿Hay otra senda para celebrar lo que vive? El poema es siempre celebración porque es siempre el extremo de la intensidad de un pedazo del mundo, su espalda de fervor restituido, su puño de desenvarado entusiasmo, su más justa pronunciación, la más firme, como si estuviera floreciendo la voz. El poema es siempre celebración, aunque en sus bordes se refleje el infierno, aunque el tiempo se crispe como un órgano herido, aunque el funambulesco histrión que empuja las palabras desbande sus volteretas y sus guiños. Nada puede ocultar a lo infinito. Su gesto es más amplio que la historia, su paso es más largo que la vida. P...

Poema de amor

Siempre se puede hacer algo con el dolor. Tu mamá teje. Hace bufandas en toda la gama del rojo. Te las tejía para Navidad, y te abrigaban cada vez que se volvía a casar y te llevaba con ella. ¿Cómo podía funcionar, si todos esos años dejó viudo el corazón, como si fueran a volver los muertos? No me extraña que seas como sos, que le tengas miedo a la sangre, si tus mujeres son una pared de ladrillos tras de otra. LOUISE GLÜCK Trad. Ezequiel Zaidenwerg

por suerte

cuando pienso que estoy al borde del entumecimiento, encuentro música que me acaricia el alma
La precariedad metafísica que tiene que ver con que las cosas en el mundo se rompen, por suerte, porque significa que están vivas. Y que tenemos que tratar de construir vínculos que acepten esa precariedad, y no vínculos que traten de fijar lo que no se puede fijar, la idea de casarse para no separarse o cerrar la pareja para no tentarse. La sabiduría que espero que aprendamos las nuevas generaciones es aceptar esa precariedad. Tamara Tenenbaum  en  Letras Libres  

A finales de la primavera

Dejame imaginarme que vamos a volver cuando queramos y que va a ser de vuelta primavera no seremos más viejos de lo que nunca fuimos los gastados pesares van a haberse disipado como la nube tempranera que la mañana cruza al recobrar la conciencia lentamente y las viejas defensas contra los muertos van a retirarse y al fin van a quedar para los muertos la luz va a ser como es ahora en el jardín que plantamos acá estos años juntos de estas tardes holgadas, y el asombro W. S. MERWIN

Equilibrio

Papá aflojó los tornillos para que aprendiera a andar sin rueditas. Ella me llevó a la vereda de tierra que rodea al hipódromo, justo enfrente de casa. Y cuál es la necesidad de aprender a sostener mi cuerpo todo de nuevo. Le hice prometer que no me soltaría por nada del mundo, giraba apenas mi cuello para ver que ella siguiera ahí, corriendo justo detrás mío, agarrándome de la parte baja del asiento. "Yo no te suelto -me decía-, yo no te suelto", pero para ese entonces ya estaba pedaleando sola y no me daba cuenta de cómo ella se alejaba de mí, aun quedándose quieta entre los troncos viejos y gruesos. Me enojé tanto cuando me dí vuelta que rechacé ese objeto a un costado de la vereda y quise volver a casa. Ahora voy esquivando colectivos, haciendo finitos, calculo el tiempo exacto para pasar en rojo y no morir en el asfalto, pero así y todo no voy a reconocerlo. He decepcionado muchas veces a mi madre y sé que seguiré haciéndolo. No hay luga...