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Fábula sobre mis manchas

Tengo manchas en la piel muchas y diferentes no sé a qué se deben ni hace cuánto aparecieron tampoco sé si me interesa saberlo pero ellos preguntan y yo por cortesía siento que debo dar algún tipo de respuesta entonces digo, por ejemplo ésta me la hice andando en bicicleta por una calle muy angosta contra la rueda de un colectivo ésta otra, dormida al sol sin crema protectora ésta grande como un sello más oscura en los bordes y amarilla en el centro es una quemadura de cigarrillo éstas en hilera, pequeñitas, picaduras de araña. Algunas noches cuando intuyo que sus vidas son más desgraciadas y que su piel esconde un horror igual digo -para no ser menos- que me las provocaron otros en un rapto de furia antes de irse. Miento, porque no sé, miento y sigo inventando historias como si esperara alguna noche dar con la última, la verdadera y que de pronto todas las manchas desaparezcan. Melina Alexia Varnavoglou

De pies y manos

No entiendo nada, voy viviendo de oído. A cierto ritmo la cojera es virtud. Pie mío, no te espantes, esta bifurcación es tuya. Quisiera lo contrario: así razono. Cada vez que reitero me sorprendo a propósito, como hacen los niños. El puñado de sal, eso teme la mano cuando evita la praxis. Si me toco en tu nombre revoluciono el tacto. Andrés Neuman
A veces, después de la cena, cuando salgo a caminar y mirar el cielo nocturno y descubrir que no tengo idea de lo que veo, que la distancia de las estrellas no tiene sentido y su número se encuentra mucho más allá de lo que puedo comprender, me pregunto si el físico ve el mismo cielo que yo, una lujosa disposición de luces ordenadas de acuerdo a nuestra escala, y nuestro poder para imaginar en términos simples un espacio como el espacio que padecemos aquí en la tierra, en este cuarto, con vos sentada en esa silla, leyendo un libro del que no entiendo nada, pensando pensamientos que no puedo intuir, mientras se acercan momentos cuya carga es un misterio. Ah, ¿quién sabe? Ya estamos viajando más rápido de lo que nuestra aparente quietud puede aguantar, y si la cosa sigue así, para cuando hable ya estarás a años luz de distancia. Strand

Esa es tu pena

Esa es tu pena. Tiene la forma de un cristal de nieve que no podría existir si no existieras y el perfume del viento que acarició el plumaje de los amaneceres que no vuelven. Colócala a la altura de tus ojos y mira cómo irradia con un fulgor azul de fondo de leyenda, o rojizo, como vitral de insomnio ensangrentado por el adiós de los amantes, o dorado, semejante a un letárgico brebaje que sorbieron los  ángeles. Si observas al trasluz verás pasar el mundo rodando en una lágrima. Al respirar exhala la preciosa nostalgia que te envuelve, un vaho entretejido de perdón y lamentos que te convierte en reina del reverso del cielo. Cuando la soplas crece como si devorara la íntima sustancia de una llama y se retrae como ciertas flores si la roza cualquier sombra extranjera. No la dejes caer ni la sometas al hambre y al veneno; sólo conseguirías la multiplicación, un erial, la bastarda maleza en vez de olvido. Porque tu pena es única, indeleble y tiñe de imposible cuanto miras...

abrazarme al horizonte y a olvidar

CUERPOS SOLOS

Una garza se posa. Se convierte en niebla. Un hombre que me quiere amar sin amarme está acostado al lado mío y me cita a su abuelo, me dice: “un cuerpo no es leña para el fuego”, lo cual quiere decir que se siente solo y humano, lo cual quiere decir que nunca vio un cuerpo retorcerse & gritar & volverse un humo espeso, la madera desnuda retorcida sin piedad. Me está llamando en una especie de lengua de señas & no le veo las manos, no sé qué me quiere decir. Me pregunto si la niebla evita que las cosas marchitas se prendan fuego como evita que uno vea. Me pregunto si él sabe lo fríos que tengo los huesos, lo deshidratados que están, & que me quedo porque es propio de las cosas delicadas retorcerse. Un pájaro distinto se arroja desde el cielo, devolviéndome a mi cuerpo. Yo rechazo los nombres con que me llama él. Digo que es una nube, despistado como todas las nubes, porque me deja que me suelte de él. Yo también me convierto en niebla ...

3

Celebrar lo que no existe. ¿Hay otro camino para celebrar lo que existe? Celebrar lo imposible. ¿Hay otro modo de celebrar lo posible? Celebrar el silencio. ¿Hay otra manera de celebrar la palabra? Celebrar la soledad. ¿Hay otra vía para celebrar el amor? Celebrar el revés. ¿Hay otra forma de celebrar el derecho? Celebrar lo que muere. ¿Hay otra senda para celebrar lo que vive? El poema es siempre celebración porque es siempre el extremo de la intensidad de un pedazo del mundo, su espalda de fervor restituido, su puño de desenvarado entusiasmo, su más justa pronunciación, la más firme, como si estuviera floreciendo la voz. El poema es siempre celebración, aunque en sus bordes se refleje el infierno, aunque el tiempo se crispe como un órgano herido, aunque el funambulesco histrión que empuja las palabras desbande sus volteretas y sus guiños. Nada puede ocultar a lo infinito. Su gesto es más amplio que la historia, su paso es más largo que la vida. P...