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Todes nos haremos traficantes de armas. Todes terminaremos nuestros días con una pierna menos, con la fiebre alta del fastidio, del desamor. Alguna vez creí en la poesía. Era pura ilusión como cuando Cristo fue tentado: "todo eso podrás tener, todo lo que desees”. L’artista en la arista escarpada, puño cerrado, arenga: “El pueblo tiene el poder”. El poder de cambiar cosas. Yo creí en eso. Creo en eso. Yo era ese creer. Ahora no veo nada en claro salvo el total vacío. ¿Miento? Digo la verdad. ¿Verdad? Miento. Mato ese lado iluso. Intento el crimen perfecto y no me sale. He estado mucho tiempo aquí, y ahora no quiero morir. Alguna vez quise. Dos veces en particular lo quise. Yo soy eso otro que se te escapa, cada fucking día. Yo soy lo que te apela y contradice. Yo soy lo otro, lo inabarcable. Lo indecible. Soy en mi lo que soy en vos que sos eso que no podés ni siquiera nombrar. También soy la mentira, el fuego, el deseo, los elementos esparcidos por todos lad...
1- Es la siesta. Tengo, sobre mi corazón, el libro de Ishiguro  Never let me go . En la penumbra de la pieza, flota la mariposa gris que de noche roe la ropa y hace el mismo ruido que los muertos hacen cuando escarban los muros. La veo golpearse contra el vidrio; su cuerpo es un solo ojo hacia donde ella cree está la salvación. Y entonces digo Señor, no me des la esperanza, la fe. Señor, no permitas que me queme en la luz aparente de los faroles a gas. He aprendido a caminar en la sombra, a encontrar mi ropa, allí, el vaso de agua. He aprendido a no tropezar con los muebles. No me hagas pensar ahora, Señor, en el fuego. 2- el aire, de noche, es una lástima, no alcanza para todos alguien debe postergar su sueño, alguien debe levantarse y, en el medio de la noche, tocar la dorada serpiente del corazón ella va a despertar entornará los soles de sus ojos dará su pan, su veneno la flor del cuerpo abrirá, entonces, como una mañana pero no será la mañana: será s...

Fábula sobre mis manchas

Tengo manchas en la piel muchas y diferentes no sé a qué se deben ni hace cuánto aparecieron tampoco sé si me interesa saberlo pero ellos preguntan y yo por cortesía siento que debo dar algún tipo de respuesta entonces digo, por ejemplo ésta me la hice andando en bicicleta por una calle muy angosta contra la rueda de un colectivo ésta otra, dormida al sol sin crema protectora ésta grande como un sello más oscura en los bordes y amarilla en el centro es una quemadura de cigarrillo éstas en hilera, pequeñitas, picaduras de araña. Algunas noches cuando intuyo que sus vidas son más desgraciadas y que su piel esconde un horror igual digo -para no ser menos- que me las provocaron otros en un rapto de furia antes de irse. Miento, porque no sé, miento y sigo inventando historias como si esperara alguna noche dar con la última, la verdadera y que de pronto todas las manchas desaparezcan. Melina Alexia Varnavoglou

De pies y manos

No entiendo nada, voy viviendo de oído. A cierto ritmo la cojera es virtud. Pie mío, no te espantes, esta bifurcación es tuya. Quisiera lo contrario: así razono. Cada vez que reitero me sorprendo a propósito, como hacen los niños. El puñado de sal, eso teme la mano cuando evita la praxis. Si me toco en tu nombre revoluciono el tacto. Andrés Neuman
A veces, después de la cena, cuando salgo a caminar y mirar el cielo nocturno y descubrir que no tengo idea de lo que veo, que la distancia de las estrellas no tiene sentido y su número se encuentra mucho más allá de lo que puedo comprender, me pregunto si el físico ve el mismo cielo que yo, una lujosa disposición de luces ordenadas de acuerdo a nuestra escala, y nuestro poder para imaginar en términos simples un espacio como el espacio que padecemos aquí en la tierra, en este cuarto, con vos sentada en esa silla, leyendo un libro del que no entiendo nada, pensando pensamientos que no puedo intuir, mientras se acercan momentos cuya carga es un misterio. Ah, ¿quién sabe? Ya estamos viajando más rápido de lo que nuestra aparente quietud puede aguantar, y si la cosa sigue así, para cuando hable ya estarás a años luz de distancia. Strand

Esa es tu pena

Esa es tu pena. Tiene la forma de un cristal de nieve que no podría existir si no existieras y el perfume del viento que acarició el plumaje de los amaneceres que no vuelven. Colócala a la altura de tus ojos y mira cómo irradia con un fulgor azul de fondo de leyenda, o rojizo, como vitral de insomnio ensangrentado por el adiós de los amantes, o dorado, semejante a un letárgico brebaje que sorbieron los  ángeles. Si observas al trasluz verás pasar el mundo rodando en una lágrima. Al respirar exhala la preciosa nostalgia que te envuelve, un vaho entretejido de perdón y lamentos que te convierte en reina del reverso del cielo. Cuando la soplas crece como si devorara la íntima sustancia de una llama y se retrae como ciertas flores si la roza cualquier sombra extranjera. No la dejes caer ni la sometas al hambre y al veneno; sólo conseguirías la multiplicación, un erial, la bastarda maleza en vez de olvido. Porque tu pena es única, indeleble y tiñe de imposible cuanto miras...