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Entradas

Abrí la puerta y te estabas bañando. Los vidrios empañados, el ruido del agua detrás de las cortinas, las cosas esenciales instaladas fuera de la razón. Me llamaste, acercaste la cara y nos besamos a través del plástico transparente: fue un instante. Las parejas y las revistas literarias duran casi siempre dos números. Sin embargo, de a poco, le fuimos ganando terreno al río: días interminables en los que el caos tomaba tu forma para envolverme mejor. Fabián Casas

Las carreras

Debe haber algo. Si todo se mueve cada vez más rápido, debe haber algo que no se mueva cada vez más rápido. Algo si no completamente quieto, lo suficientemente lento como para tocarlo. ¿Qué piensa de eso el agente de tránsito con su gorra y su chaleco amarillo, inmóvil, parado exactamente sobre la línea divisoria de lo que está entrenado para detener cuando no se detiene: cuatro carriles que confluyen sólo si hay un choque, y de lo contrario fluyen como un río hacia su muerte, o como aquellas cosas que desea el río y con las que hace lo que quiere: peces, cieno, basura, el cadáver de alguien que le tuvo confianza. ¿Qué pasa con las líneas amarillas pintadas en mitad de la calle, paralelas, que de inmediato empiezan a descascararse por la fricción de las ruedas contra el pavimento? Debe haber algo que sepa cómo bajar la velocidad sin frenar; debe haber una manera de mirarlo de frente mientras aún se mueve. Una vez, en las montañas, con calzado inadecuado, me recosté...

el ciego

llamo y llamo y tú no estás sé que no estás pero sigo llamando por lo menos el teléfono suena ahí donde no estás pero donde sueles estar en el espacio que sueles ocupar en el aire que sueles llenar en las sillas que sueles tocar en los muebles que sueles tocar en la cama que sueles ocupar en el teléfono que sueles contestar y tomar en tu mano y acercar a tu boca. llamo y toco ése lugar. yo soy el alma el corazón y el ¡ay! del grito que toca ese lugar. Soñar no cuesta nada siempre miraba en la puerta en el suelo a la entrada por si había algún papelito por si se te había ocurrido pasar por si habías sentido la necesidad de pasar y siempre que volvía de Viña tenía el sueño de encontrarte ahí sentada en la puerta sentada en la escalera y siempre te saludaba y así me aliviaba, en una ínfima medida me aliviaba. también cuando los perros ladraban mucho pensaba que eras tú que podías ser tú porque así le ladran los perros a las personas que no conocen y el v...

Aunque se borren todos nuestros rastros igual que las bujías en el amanecer...

Aunque se borren todos nuestros rastros igual que las bujías en el amanecer y no puedas recordar hacia atrás, como la Reina Blanca, déjame en el aire la sonrisa. Tal vez seas ahora tan inmensa como todos mis muertos y cubras con tu piel noche tras noche la desbordada noche del adiós: un ojo en Achernar, el otro en Sirio, las orejas pegadas al muro ensordecedor de otros planetas, tu inabarcable cuerpo sumergido en su hirviente ablución, en su Jordán de estrellas. Tal vez sea imposible mi cabeza, ni un vacío mi voz, algo menos que harapos de un idioma irrisorio mis palabras. Pero déjame en el aire la sonrisa: la leve vibración que azogue un trozo de este cristal de ausencia, la pequeña vigilia tatuada en llama viva en un rincón, una tierna señal que horade una por una las hojas de este duro calendario de nieve. Déjame tu sonrisa a manera de perpetua guardiana, Berenice.   Olga Orozco

LA CRISIS ES EL CUERPO

Ahora que otra vez estás enfermo, ya sé dónde encontrarte. El cuerpo hundido entre los huecos del sillón, una mano abajo de la cabeza, la cara envuelta en sombras. Como un cucarachero pantanero o un cucarachero sabanero en su nido de pasto seco entretejido. Me gustaría saber cómo es que la abstracción que llamamos Dios decide que estas cosas pasen; ¿te señaló ahí con el dedo y te plantó algo? Un bulto imperfecto, que crece como una papa siniestra. Después del tratamiento, esa vacuna imperfecta contra la muerte, estás dormido. Sin pelo por la quimio, te veo cerrar los ojos, te veo escabullirte adentro de vos mismo como el ladrón que sos que se lleva mi vida. Antes de que te enfermaras, yo le pedía a Dios: “Cualquiera menos él”. Ya ves de qué sirvió. ¿Ahora qué más queda por decir? Jesse Lee Kercheval  Trad. Ezequiel Zaidenwerg

HABLANDO DE LA PÉRDIDA

empecé con todo; padres, dos dedos de más un hermano al que arruinar. era una chica rica sin plata con un vestido rojo. ¿cómo llegué a estar sentada acá en esta casa vestida con un nombre del que no escuché hablar hasta que me hice mujer? Alguien se robó a mis padres y escondió a mi hermano. los dedos de más me los cortaron. me quedan mis manos comunes y corrientes y no tengo nada más que darte que poemas. LUCILLE CLIFTON  Trad. Ezequiel Zaidenwerg