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     Aquella noche cuando volvió a su hotel, sin poder dejar de llorar por sus hijos muertos, por los niños castrados que él no había conocido, por su juventud perdida, por todos los jóvenes que ya no eran jóvenes y por los jóvenes que murieron jóvenes, por los que lucharon por Salvador Allende y por los que tuvieron miedo de luchar por Salvador Allende, llamó a su amigo francés, que ahora vivía con un antiguo levantador de pesas búlgaro, y le pidió que le enviara un billete de avión y algo de dinero para pagar el hotel. 

   Y su amigo francés le dijo que sí, que por supuesto, que lo haría de inmediato, y también le dijo ¿qué es ese ruido?, ¿estás llorando?, y el Ojo dijo que sí, que no podía dejar de llorar, que no sabía qué le pasaba, que llevaba horas llorando. Y su amigo francés le dijo que se calmara. Y el Ojo se rió sin dejar de llorar y dijo que eso haría y colgó el teléfono. Y luego siguió llorando sin parar.

Roberto Bolaño

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yo quiero saber qué le pasa por la cabeza a un pibe que te dice de salir, al que le pasás tu celular, te pregunta por tus días libres, respondés sábado, te contesta ese mismo día que está complicado, propone el domingo y cuando decís que está bien, que en qué horario, deja de contestar. eh? alguien me puede explicar?

Blanco sobre negro

Hay días (noches momentos instantes) en que me gustaría saber de vos. Siempre pensé eso de las rupturas amorosas: que lo más triste es perder el contacto con alguien que era tan central a tal punto que pase a ser un extraño/a. Pero sé que abrir esa compuerta sería invitar a los problemas a cenar. Y si hay algo que no me tienta para nada es eso.  Aún así quiero dejar constancia por acá de que el amor cuando es verdadero permanece  aunque mute de forma  aunque no persista del modo en que alguna vez imaginamos o deseamos.  Entre muchas otras cosas, me enseñaste a soltar y por eso voy a estar siempre agradecida. Donde quiera que estés, espero que estés bien y en buena compañía. 🤍