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Aunque se borren todos nuestros rastros igual que las bujías en el amanecer...

Aunque se borren todos nuestros rastros igual que las bujías en el amanecer y no puedas recordar hacia atrás, como la Reina Blanca, déjame en el aire la sonrisa. Tal vez seas ahora tan inmensa como todos mis muertos y cubras con tu piel noche tras noche la desbordada noche del adiós: un ojo en Achernar, el otro en Sirio, las orejas pegadas al muro ensordecedor de otros planetas, tu inabarcable cuerpo sumergido en su hirviente ablución, en su Jordán de estrellas. Tal vez sea imposible mi cabeza, ni un vacío mi voz, algo menos que harapos de un idioma irrisorio mis palabras. Pero déjame en el aire la sonrisa: la leve vibración que azogue un trozo de este cristal de ausencia, la pequeña vigilia tatuada en llama viva en un rincón, una tierna señal que horade una por una las hojas de este duro calendario de nieve. Déjame tu sonrisa a manera de perpetua guardiana, Berenice.   Olga Orozco

LA CRISIS ES EL CUERPO

Ahora que otra vez estás enfermo, ya sé dónde encontrarte. El cuerpo hundido entre los huecos del sillón, una mano abajo de la cabeza, la cara envuelta en sombras. Como un cucarachero pantanero o un cucarachero sabanero en su nido de pasto seco entretejido. Me gustaría saber cómo es que la abstracción que llamamos Dios decide que estas cosas pasen; ¿te señaló ahí con el dedo y te plantó algo? Un bulto imperfecto, que crece como una papa siniestra. Después del tratamiento, esa vacuna imperfecta contra la muerte, estás dormido. Sin pelo por la quimio, te veo cerrar los ojos, te veo escabullirte adentro de vos mismo como el ladrón que sos que se lleva mi vida. Antes de que te enfermaras, yo le pedía a Dios: “Cualquiera menos él”. Ya ves de qué sirvió. ¿Ahora qué más queda por decir? Jesse Lee Kercheval  Trad. Ezequiel Zaidenwerg

HABLANDO DE LA PÉRDIDA

empecé con todo; padres, dos dedos de más un hermano al que arruinar. era una chica rica sin plata con un vestido rojo. ¿cómo llegué a estar sentada acá en esta casa vestida con un nombre del que no escuché hablar hasta que me hice mujer? Alguien se robó a mis padres y escondió a mi hermano. los dedos de más me los cortaron. me quedan mis manos comunes y corrientes y no tengo nada más que darte que poemas. LUCILLE CLIFTON  Trad. Ezequiel Zaidenwerg

Tiempo de locos

Es el tiempo de locos que está haciendo: de repente tropieza hacia adelante, y luego se recuesta entre los pastos ralos y las flores blancas, delicadas y sin nombre. Una gente se puso a hacer ropa con eso, cosiendo la blancura de las lilas con un rayo en una encrucijada ignota. El cielo llama a la tierra sorda. El desarreglo proverbial de la mañana se corrige a sí mismo cuando vos te parás. Estás vestido con un texto. Los versos caen marchitos sobre tus cordones, y yo nunca querré ni necesitaré otra literatura que esta poesía hecha de barro y de reminiscencias ambiciosas de la época en que surgía fácilmente de lo que por entonces eran bosques y campos arados y tenía una sencilla dignidad inconsciente, a la que ahora nunca podríamos esperar aproximarnos, salvo en una quebrada muy estrecha que nadie va a ir a inspeccionar, donde quizás una última muestra de ese espécimen raro y poco interesante esté dando algún brote, al menos por lo poco que se sabe. Ashbery  (Trad...
no había visto antes ningún pájaro de vuelo terminado para entenderlo ¿cómo lo supe? quieto más quieto echado de espaldas como ningún animal así nomás para nada un pájaro no se queda inmóvil ni apoya su espalda en la tierra ¿tienen espalda los pájaros? las cucarachas sólo están de espaldas cuando les quedan pocos recursos para vivir antes mucho antes tuve delante de mí esta visión: le arrojábamos piedras desde lejos en esas circunstancias cualquier movimiento un rumor darían cuenta advertirían que la muerte continúa su trabajo interminable sol poniente en una fotografía ¿qué quiere saber de la muerte del pájaro? así mi padre se posaba cada día en el mundo encogido de espaldas de costado no está muerto decíamos para los adentros cada vez cuando en la piel el escozor se anunciaba ¿que cómo lo sé? así lo sabíamos lo sé porque cada tarde capturada la respiración por su imagen quieta temiendo que lo peor sucediera a su alma cada tarde cruzábamos la distancia que nos ...

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Miro un árbol. Tú miras lejos cualquier cosa. Pero yo sé que si no mirara este árbol tú lo mirarías por mí y tú sabes que si no miraras lo que miras yo lo miraría por ti. Ya no nos basta mirar cada uno con el otro. Hemos logrado que si uno de los dos falta, el otro mire lo que uno tendría que mirar. Sólo necesitamos ahora fundar una mirada que mire por los dos lo que ambos deberíamos mirar cuando no estemos ya en ninguna parte.  Poesía Vertical  R. Juarroz
Todes nos haremos traficantes de armas. Todes terminaremos nuestros días con una pierna menos, con la fiebre alta del fastidio, del desamor. Alguna vez creí en la poesía. Era pura ilusión como cuando Cristo fue tentado: "todo eso podrás tener, todo lo que desees”. L’artista en la arista escarpada, puño cerrado, arenga: “El pueblo tiene el poder”. El poder de cambiar cosas. Yo creí en eso. Creo en eso. Yo era ese creer. Ahora no veo nada en claro salvo el total vacío. ¿Miento? Digo la verdad. ¿Verdad? Miento. Mato ese lado iluso. Intento el crimen perfecto y no me sale. He estado mucho tiempo aquí, y ahora no quiero morir. Alguna vez quise. Dos veces en particular lo quise. Yo soy eso otro que se te escapa, cada fucking día. Yo soy lo que te apela y contradice. Yo soy lo otro, lo inabarcable. Lo indecible. Soy en mi lo que soy en vos que sos eso que no podés ni siquiera nombrar. También soy la mentira, el fuego, el deseo, los elementos esparcidos por todos lad...