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Entradas

De piedra

A veces estás comiendo una manzana, o tomando ginebra en una fiesta pésima, y te acordás de tu garganta y su tersura. A veces lo único que tenés puesto es el peso de tus emociones, y tu único abrigo es algo que se mueve en el abismo de tu panza, que te hace pensar: Ah, al final, yo no era de piedra. Cualquiera puede imaginarse la estatua de un chico así de hermoso, pero ¿quién se acerca a mirar, nota el brillo nuevo de los ojos? ¿Quién se pregunta si no será el jugo dulcísimo de alguna fruta blanda sobre tus labios, y se estira para probarlo? Eso es poco frecuente. Eso es ternura, como los dientes de mármol que rasgan la piel roja de la manzana. Eso es amor: cuando él saca la boca de la sal de tu dolor y también termina llorando. Logan February Trad. Ezequiel Zaidenwerg

XV

Si me recosté con vos en esa playa blanca, vacía, el agua verde, pura y entibiada por la corriente del Golfo, y no nos pudimos quedar tendidas en esa playa porque el viento nos arrojaba una arena fina como si estuviera en nuestra contra cuando intentábamos soportarlo y fracasábamos- si nos fuimos manejando hacia otro lugar para dormir en los brazos de la otra y las camas eran angostas como los catres de los presos y estábamos cansadas y no dormimos juntas y esto fue lo que encontramos, y esto lo que hicimos- ¿es nuestro el fracaso? Si me pego a las circunstancias, no me podría sentir responsable. Sólo aquella que dice que no eligió es la perdedora al final. Adrianne  Traducción Tom Maver
Tablas acosadas por la humedad y el bicho guardan mi corazón como un lucero y no me importa la gente ni la plata sino el crac crac del grillo en la mañana del silencio, el gallo allá a lo lejos y ese girar de Talita que busca el sitio para echarse al sol en el alero mientras la sombra de papá en su silla me dice sí y alcanza un mate con cáscaras de naranja, sí, m'hijita, cerrá tu vida en este círculo que acaricia los pasos del principio con las huellas nítidas del final... Diana Bellesi  
Abrí la puerta y te estabas bañando. Los vidrios empañados, el ruido del agua detrás de las cortinas, las cosas esenciales instaladas fuera de la razón. Me llamaste, acercaste la cara y nos besamos a través del plástico transparente: fue un instante. Las parejas y las revistas literarias duran casi siempre dos números. Sin embargo, de a poco, le fuimos ganando terreno al río: días interminables en los que el caos tomaba tu forma para envolverme mejor. Fabián Casas

Las carreras

Debe haber algo. Si todo se mueve cada vez más rápido, debe haber algo que no se mueva cada vez más rápido. Algo si no completamente quieto, lo suficientemente lento como para tocarlo. ¿Qué piensa de eso el agente de tránsito con su gorra y su chaleco amarillo, inmóvil, parado exactamente sobre la línea divisoria de lo que está entrenado para detener cuando no se detiene: cuatro carriles que confluyen sólo si hay un choque, y de lo contrario fluyen como un río hacia su muerte, o como aquellas cosas que desea el río y con las que hace lo que quiere: peces, cieno, basura, el cadáver de alguien que le tuvo confianza. ¿Qué pasa con las líneas amarillas pintadas en mitad de la calle, paralelas, que de inmediato empiezan a descascararse por la fricción de las ruedas contra el pavimento? Debe haber algo que sepa cómo bajar la velocidad sin frenar; debe haber una manera de mirarlo de frente mientras aún se mueve. Una vez, en las montañas, con calzado inadecuado, me recosté...

el ciego

llamo y llamo y tú no estás sé que no estás pero sigo llamando por lo menos el teléfono suena ahí donde no estás pero donde sueles estar en el espacio que sueles ocupar en el aire que sueles llenar en las sillas que sueles tocar en los muebles que sueles tocar en la cama que sueles ocupar en el teléfono que sueles contestar y tomar en tu mano y acercar a tu boca. llamo y toco ése lugar. yo soy el alma el corazón y el ¡ay! del grito que toca ese lugar. Soñar no cuesta nada siempre miraba en la puerta en el suelo a la entrada por si había algún papelito por si se te había ocurrido pasar por si habías sentido la necesidad de pasar y siempre que volvía de Viña tenía el sueño de encontrarte ahí sentada en la puerta sentada en la escalera y siempre te saludaba y así me aliviaba, en una ínfima medida me aliviaba. también cuando los perros ladraban mucho pensaba que eras tú que podías ser tú porque así le ladran los perros a las personas que no conocen y el v...