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Estanque

Cada cosa viva o muerta que el mundo rechaza se reúne: las raíces de los árboles secos que siguen profundamente agarradas a un suelo que ya no las retiene, el moho que al crecer parasita el tallo de la planta joven, el perro moribundo tirado al costado de la ruta, las ramas más jóvenes del ceibo que el temporal derriba, la serpiente de coral emboscada por la fiera, que se repliega sobre sí y permanece quieta como si fuera su propia cáscara vacía en el monte espeso. Para quienes fueron dañados, todo lo que llega después del daño es una gracia. Alguna vez vadearon la vida como si fuera un estanque lleno de alimañas, peligroso en la superficie y en el fondo, hecho para el lucimiento de los intactos y los fuertes. Los que no tienen nada que perder entienden la serenidad con que la materia cesa de resistirse al fin a ser vencida. No hay debilidad ni cobardía en ese dejarse ir que aún en medio del dolor crea puntadas de consuelo: quien fue lastimado una y otra vez sabe...

XXIX

Zumba el tedio  enfrascado bajo el momento improducido y caña.       Pasa una paralela a ingrata línea quebrada de felicidad. Me extraña cada firmeza, junto a esa agua que se aleja, que ríe acero, calla.       Hilo retemplado, hilo, hilo binómico ¿por dónde romperás, nudo de guerra?       Acoraza este ecuador, Luna. César Vallejo

55

  porque hay dolores que valen la pena

Hospital Británico

Tu Rostro como sangre muy oscura en un plato de tropa, entre cocinas frías y bajo un sol de nieve; Tu Rostro como una conversación entre colmenas con vértigo en la llanura del verano;Tu Rostro como sombra verde y negra con balidos muy cerca de mi aliento y mi revólver; Tu Rostro como sombra verde y negra que desciende al galope, cada tarde, desde una pampa a dos mil metros sobre el nivel del mar;Tu Rostro como arroyos de violetas cayendo lentamente desde gallos de riña;Tu Rostro como arroyos de violetas que empapan de vitrales a un hospital sobre un barranco. (1985) Héctor Viel Temperley 
Todas las madres guardan la memoria de la primera mi bisabuela se suicidó cuando mi abuela tenía siete años -una traición de amor- tomó el veneno y estrelló la jarra contra la pared delante de su hija dicen que primero se preparó se pintó se puso las alhajas se peinó el pelo rubio frente al espejo sin dejar de mirarse con ese gesto que repite todos los días mi mamá y que yo estoy empezando a repetir. Roberta Innamico