Volví a encontrarlo muchos años después en un evento que organizaba la empresa en la cual trabajaba. Era un hombre, vestido de traje y corbata. La vida le había deparado un destino muy distinto del que yo hubiese imaginado. Era el vicepresidente de una multinacional muy importante y vivía en un barrio privado. El tiempo nos había cambiado, no lo noté en sus palabras siempre cordiales, sino en su sonrisa. Diez años atrás, hubiésemos escapado apresurados de allí para pasear por las librerías de Av. Corrientes y comer pizza en “Los Inmortales”. Pero ya no, ya no quedaban vestigios del joven desordenado e irresponsable. Podría asegurar que desde que nos despedimos aquella tarde de noviembre en el café La Puerto Rico, él no regresó jamás a robar libros usados ni entró ebrio al cine. Ahora lo llamaban Doctor y conducía un auto último modelo. Me invitó a tomar un café “alguno de estos días” dijo, y me entregó su tarjeta para que lo llamara. Luego sonó su celular y se disculpó por no poder quedarse más tiempo, caminaba hacia la salida cuando se detuvo para decirme “Es bueno verte”. Sonreí.
El aroma a fritura que contagia mi habitación, la cerveza que compartimos, tu pelo rapado. En eso pienso ahora que me duele un poco la cabeza y seguro es por las doce horas que dormí después de una semana de dormir cinco horas todos los días. Soñé con el francés de ojos celestes que me decía que la mayor parte de los días se quería, se gustaba mucho, pero justo ese día no, soñé con mi amigo que está enamorado de él, soñé que el francés le decía que cómo podía pensar que él era gay. Me acordé de Les amours imaginaires y el triángulo amoroso. Una situación que se repite, las conductas que hacen que nos demos la cabeza contra la pared una y otra vez. Pensé en esta confusión que me agarra cuando recostados sobre el sillón me tomás del brazo y me decís que me voy a aburrir de vos si nos vemos tan seguido. En verte después de tu clase y regalarte un libro y despedirte con un abrazo. En mi psicóloga que dice que entro en las situaciones y después me voy. En las ganas que tengo a veces de dej...
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