No, no digas nada, ya lo sé, lo supe desde siempre, ya no estabas con él pero vi que lo mirabas con esa sonrisa que tus labios rosados no me dedicaron jamás, y aunque entonces preferí creer que era una simple ilusión óptica, también sabía que debía actuar como vos, que si siquiera te temblaban los labios las noches en que salías para ver a alguien que jamás habrá sabido apreciar tus sonrisas ni las caricias de tus manos delicadas, pero eso nunca lo entendiste, nunca quisiste entenderlo, y yo tampoco terminé de entenderte, y si no te lo dije antes no fue por miedo a lo que pudiera pasar entre nosotros, sino porque nunca me gustó estar solo, y entonces por qué precipitar el devenir de un destino que, tarde o temprano, nos alcanza a todos, así que al fin dejé a tu criterio la elección del momento, de este momento, en un moderno restaurant de Puerto Madero, en esta noche cálida de enero, en que vos, como siempre, estás hermosa, vestida de blanco, como el día de nuestro casamiento, y con el pelo suelto como me gusta, aunque quizás ahora que pedimos un syrah muy recomendado por el maître, te proponga que brindemos por nosotros, por lo bien que estamos, por el viaje que, con motivo de nuestro décimo aniversario, vamos a hacer al Caribe, o a cualquier otro lugar, podés elegir el que más te guste, no importa cuál pero no te vayas con él, por favor, no me dejes solo, no, no te vayas, no.
El aroma a fritura que contagia mi habitación, la cerveza que compartimos, tu pelo rapado. En eso pienso ahora que me duele un poco la cabeza y seguro es por las doce horas que dormí después de una semana de dormir cinco horas todos los días. Soñé con el francés de ojos celestes que me decía que la mayor parte de los días se quería, se gustaba mucho, pero justo ese día no, soñé con mi amigo que está enamorado de él, soñé que el francés le decía que cómo podía pensar que él era gay. Me acordé de Les amours imaginaires y el triángulo amoroso. Una situación que se repite, las conductas que hacen que nos demos la cabeza contra la pared una y otra vez. Pensé en esta confusión que me agarra cuando recostados sobre el sillón me tomás del brazo y me decís que me voy a aburrir de vos si nos vemos tan seguido. En verte después de tu clase y regalarte un libro y despedirte con un abrazo. En mi psicóloga que dice que entro en las situaciones y después me voy. En las ganas que tengo a veces de dej...
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