Leía el 18 Brumario de Luis Bonaparte, y, como quizás a tantos otros, me hizo reflexionar sobre las siguientes cuestiones: ¿cuántas máscaras somos capaces de tener?, ¿cuántos disfraces usamos en un mismo día?, ¿hasta dónde es posible conocer a alguien? No hablo de decir la verdad y ser honestos -porque incluso disfrazados es posible- sino de las actitudes, de la manera en que nos representamos a nosotros mismos según la situación en la que nos encontremos, no somos los mismos con nuestra familia, con nuestros amigos, con los compañeros de algún trabajo o un curso cualquiera, aunque la esencia sea la misma, siempre seleccionamos qué mostrar y ocultamos el resto, no porque sea necesariamente malo, sino porque reaccionamos de distinta manera según el entorno. No sé qué es exactamente lo que nos hace cambiar, si la capacidad mayor o menor que tiene cada uno de adaptarse al medio, o el grado de confianza y comodidad que el medio nos genere, o bien el miedo al rechazo, al ridículo, o qué. No lo sé, quizás no tenga sentido nada de esto y debería dejar de perder el tiempo.
El aroma a fritura que contagia mi habitación, la cerveza que compartimos, tu pelo rapado. En eso pienso ahora que me duele un poco la cabeza y seguro es por las doce horas que dormí después de una semana de dormir cinco horas todos los días. Soñé con el francés de ojos celestes que me decía que la mayor parte de los días se quería, se gustaba mucho, pero justo ese día no, soñé con mi amigo que está enamorado de él, soñé que el francés le decía que cómo podía pensar que él era gay. Me acordé de Les amours imaginaires y el triángulo amoroso. Una situación que se repite, las conductas que hacen que nos demos la cabeza contra la pared una y otra vez. Pensé en esta confusión que me agarra cuando recostados sobre el sillón me tomás del brazo y me decís que me voy a aburrir de vos si nos vemos tan seguido. En verte después de tu clase y regalarte un libro y despedirte con un abrazo. En mi psicóloga que dice que entro en las situaciones y después me voy. En las ganas que tengo a veces de dej...
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