Nunca fue más cierto eso del teamoteodio. Nunca fue tan irreal, tan surreal todo lo que (no) sucedió. Jamás sentí tan intensa la pulsión de muerte como en cada nueva charla con vos. El día que me hablaste de ella (la otra, la que querés, esa que no soy) algo en mí se quebró. Me acuerdo de llorar sin consuelo en la cama, en el baño, en el balcón, y de preguntarme (con lo melodramática que soy) si las lágrimas iban a parar algún día. Al final, sí, se detuvieron, pero en algún lugar, adentro, escondido (o no tanto), el llanto sigue. Ya no eras vos el del problema, era yo: no se trataba de un desinterés general de tu parte, era a mí a la que no elegías, y ahora había alguien a la que sí querías dedicarle tus días, tu atención, tu cariño. Lo que más dolía no era sólo el amor no correspondido, sino lo desmerecido de mi amor. Hoy lo que más duele es que ya no haya nada de qué hablar, que las charlas de horas hayan mutado en monosílabos y silencios incómodos, que ni siquiera te interese preguntar cómo estoy, saber que la música de los últimos meses quizás nunca tenga el mismo significado ni la pueda escuchar de la misma manera, ser conciente de que dejarte ir (si eso es posible) es ganar, pero también es perder.
El aroma a fritura que contagia mi habitación, la cerveza que compartimos, tu pelo rapado. En eso pienso ahora que me duele un poco la cabeza y seguro es por las doce horas que dormí después de una semana de dormir cinco horas todos los días. Soñé con el francés de ojos celestes que me decía que la mayor parte de los días se quería, se gustaba mucho, pero justo ese día no, soñé con mi amigo que está enamorado de él, soñé que el francés le decía que cómo podía pensar que él era gay. Me acordé de Les amours imaginaires y el triángulo amoroso. Una situación que se repite, las conductas que hacen que nos demos la cabeza contra la pared una y otra vez. Pensé en esta confusión que me agarra cuando recostados sobre el sillón me tomás del brazo y me decís que me voy a aburrir de vos si nos vemos tan seguido. En verte después de tu clase y regalarte un libro y despedirte con un abrazo. En mi psicóloga que dice que entro en las situaciones y después me voy. En las ganas que tengo a veces de dej...
Comentarios
Hace rato que salí del poso, estoy irreconocible
¿que tal las vacaciones?