Nos acompañábamos. Es verdad. Así, a pesar de todo, de la distancia y lo ridículo, en cierta manera nos hacíamos compañía. Supongo que eras el mejor amigo o el novio que no tenía. Sería ingenuo de mi parte decir que estaba enamorada de vos: no, no estaba enamorada de vos -uno no se enamora de la gente que no conoce de verdad, y si se enamora, se enamora de una idea no de la persona. Quería que te enamoraras de mí, eso sí. La vanidad. El deseo (estúpido) de sentirme querida, de que me necesitaras. Significar algo para alguien, eso era, eso fue. Supongo que algo signifiqué después de todo, aunque no sea más que un par de bandas en tu extensa colección de música. Quizás ahora te pase como a mí, de escuchar cierta canción y asociarla conmigo. No lo sé, quizás no. Tal vez nunca sucedió. Es probable. Con el tiempo dejé de creerte. Con el tiempo me dejaste de importar, o de doler, porque en realidad en algún lado todavía me importa, si no, no estaría diciendo esto. No sé por qué no pudiste, por qué no pudimos. Quizás -y esto lo pienso ahora- nunca hubo un interés real por el otro, cada uno de nosotros resultaba funcional para el otro, pero no éramos más que una presencia para no sentirnos tan solos. Yo nunca te importé en realidad. Durante muchos meses guardé la ilusión de que sí, de que iba a llegar el día en que...pero no. No sucedió, nada de lo que imaginé, de lo que pensé que podía pasar(nos). Y ahora...ahora da todo un poco lo mismo. Las formas del compromiso y su final: "En realidad pienso que lo del amor para toda la vida era una cuestión...no sé, de vacío. Y por otro lado de emergencia...te veía tan mal...y por eso te cargoseaba con esa propuesta sin sentido. Vos toda la vida vas a seguir así, y yo...".
El aroma a fritura que contagia mi habitación, la cerveza que compartimos, tu pelo rapado. En eso pienso ahora que me duele un poco la cabeza y seguro es por las doce horas que dormí después de una semana de dormir cinco horas todos los días. Soñé con el francés de ojos celestes que me decía que la mayor parte de los días se quería, se gustaba mucho, pero justo ese día no, soñé con mi amigo que está enamorado de él, soñé que el francés le decía que cómo podía pensar que él era gay. Me acordé de Les amours imaginaires y el triángulo amoroso. Una situación que se repite, las conductas que hacen que nos demos la cabeza contra la pared una y otra vez. Pensé en esta confusión que me agarra cuando recostados sobre el sillón me tomás del brazo y me decís que me voy a aburrir de vos si nos vemos tan seguido. En verte después de tu clase y regalarte un libro y despedirte con un abrazo. En mi psicóloga que dice que entro en las situaciones y después me voy. En las ganas que tengo a veces de dej...
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