Te vi, estabas más alto (mucho más alto), el pelo rubio un poco más oscuro, tenías una remera negra y pantalones claros, ibas con un Golden Retriever (eso me lo dijo papá, yo no sé nada de razas caninas), antes no tenías perro, quedaban bien juntos, entraste a la heladería y lo ataste a un poste de luz, cuando volviste él te sonreía, y vos también sonreías al acariciarlo, se te veía bien, incluso lejos como estaba y todo, creo que todavía pude ver algo del chico que conocí, yo también sonreí, qué sera de vos después de todos estos años. Cómo es que el tiempo nos cambia tanto.
El aroma a fritura que contagia mi habitación, la cerveza que compartimos, tu pelo rapado. En eso pienso ahora que me duele un poco la cabeza y seguro es por las doce horas que dormí después de una semana de dormir cinco horas todos los días. Soñé con el francés de ojos celestes que me decía que la mayor parte de los días se quería, se gustaba mucho, pero justo ese día no, soñé con mi amigo que está enamorado de él, soñé que el francés le decía que cómo podía pensar que él era gay. Me acordé de Les amours imaginaires y el triángulo amoroso. Una situación que se repite, las conductas que hacen que nos demos la cabeza contra la pared una y otra vez. Pensé en esta confusión que me agarra cuando recostados sobre el sillón me tomás del brazo y me decís que me voy a aburrir de vos si nos vemos tan seguido. En verte después de tu clase y regalarte un libro y despedirte con un abrazo. En mi psicóloga que dice que entro en las situaciones y después me voy. En las ganas que tengo a veces de dej...
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besos C.