Es tarde y todavía tengo que lavar los platos. Y yo odio lavar los platos. Bueno, no sé si me produce odio, pero sí tedio, eso, me resulta una actividad muy tediosa. Pienso que mañana (hoy) debería ir a cortarme el pelo (y ya que estoy visitar al peluquero que me encanta), a ver si las cosas cambian. De vez en cuando me gusta pensar que esos pequeños detalles pueden inaugurar nuevos períodos, generar cambios en otros niveles de mi vida. Claro que en realidad no, claro que cortarme el pelo no implica nada más que eso. Pareciera que ando mas bien en época de derrape, que al final el post anterior no es tan verdad como me hubiera gustado, o sí, pero es más parcial que absoluto. Estos días grises me tienen a maltraer, me acuesto tarde -y me levanto aún más tarde-, ando ingiriendo más calorías de las debidas, ilusionándome con gente demasiado, a saber: demasiado estúpida, demasiado linda, o demasiado inalcanzable. No sé qué es de mí, pero prometo esforzarme por no volver a caer en mi propia debilidad. Es sólo que a veces no puedo conmigo misma.
El aroma a fritura que contagia mi habitación, la cerveza que compartimos, tu pelo rapado. En eso pienso ahora que me duele un poco la cabeza y seguro es por las doce horas que dormí después de una semana de dormir cinco horas todos los días. Soñé con el francés de ojos celestes que me decía que la mayor parte de los días se quería, se gustaba mucho, pero justo ese día no, soñé con mi amigo que está enamorado de él, soñé que el francés le decía que cómo podía pensar que él era gay. Me acordé de Les amours imaginaires y el triángulo amoroso. Una situación que se repite, las conductas que hacen que nos demos la cabeza contra la pared una y otra vez. Pensé en esta confusión que me agarra cuando recostados sobre el sillón me tomás del brazo y me decís que me voy a aburrir de vos si nos vemos tan seguido. En verte después de tu clase y regalarte un libro y despedirte con un abrazo. En mi psicóloga que dice que entro en las situaciones y después me voy. En las ganas que tengo a veces de dej...
Comentarios
Y yo creo que cortarse el pelo, el cambio de la propia imagen, sí ayuda un poco al cambio de estado anímico. Como ordenar el desastre que uno tiene en la habitación.
Como es arriba es abajo. Como es afuera es adentro. Claro que no basta SOLO con eso; pero, a veces, tal vez, ayuda.
Fuerza, Carolina, y un abrazo.
2. quién habló de enamorarse?